La depresión no es simplemente tristeza. A diferencia de la tristeza normal, que es una emoción humana ante pérdidas o situaciones negativas, la depresión se caracteriza por una tristeza patológica, acompañada de pérdida de ilusión y de interés por las cosas que antes resultaban placenteras. Otros síntomas frecuentes incluyen falta de energía, dificultad de concentración, apatía, problemas de sueño y cambios en el apetito.
Existen distintos tipos de depresión. La depresión reactiva o adaptativa aparece como respuesta a un acontecimiento vital negativo. En estos casos, el tratamiento suele centrarse en la psicoterapia cognitivo-conductual, aunque en algunas situaciones puede ser necesaria medicación complementaria.
La depresión endógena es un trastorno de origen biológico que cursa con incapacidad para experimentar placer, incluso en circunstancias favorables. Este tipo de depresión requiere tratamiento farmacológico, y el pronóstico suele ser muy bueno.
La distimia es un tipo de depresión crónica, ligada a rasgos de personalidad, que suele ser menos intensa pero persistente, con síntomas que fluctúan “por días” y que pueden dificultar una vida plenamente normal. En estos casos, el tratamiento psicoterapéutico es el más indicado.
Otros tipos de depresión incluyen la depresión psicótica, que combina depresión endógena con psicosis; la depresión posparto, que puede afectar hasta el 10% de las mujeres en el primer mes tras el parto; y el trastorno afectivo estacional, que se manifiesta durante los meses de menor luz solar y puede mejorar con exposición a la luz y, en algunos casos, medicación o psicoterapia. Por último, el trastorno bipolar, aunque menos frecuente, se caracteriza por alternancia entre fases de manía y depresión.
