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La depresión

La depresión no es simplemente tristeza. A diferencia de la tristeza normal, que es una emoción humana ante pérdidas o situaciones negativas, la depresión se caracteriza por una tristeza patológica, acompañada de pérdida de ilusión y de interés por las cosas que antes resultaban placenteras. Otros síntomas frecuentes incluyen falta de energía, dificultad de concentración, apatía, problemas de sueño y cambios en el apetito.

 

Existen distintos tipos de depresión. La depresión reactiva o adaptativa aparece como respuesta a un acontecimiento vital negativo. En estos casos, el tratamiento suele centrarse en la psicoterapia cognitivo-conductual, aunque en algunas situaciones puede ser necesaria medicación complementaria.

 

La depresión endógena es un trastorno de origen biológico que cursa con incapacidad para experimentar placer, incluso en circunstancias favorables. Este tipo de depresión requiere tratamiento farmacológico, y el pronóstico suele ser muy bueno.

 

La distimia es un tipo de depresión crónica, ligada a rasgos de personalidad, que suele ser menos intensa pero persistente, con síntomas que fluctúan “por días” y que pueden dificultar una vida plenamente normal. En estos casos, el tratamiento psicoterapéutico es el más indicado.

 

Otros tipos de depresión incluyen la depresión psicótica, que combina depresión endógena con psicosis; la depresión posparto, que puede afectar hasta el 10% de las mujeres en el primer mes tras el parto; y el trastorno afectivo estacional, que se manifiesta durante los meses de menor luz solar y puede mejorar con exposición a la luz y, en algunos casos, medicación o psicoterapia. Por último, el trastorno bipolar, aunque menos frecuente, se caracteriza por alternancia entre fases de manía y depresión.

¿Cuáles son las causas de la depresión?

La depresión es un trastorno complejo que involucra factores genéticos, biológicos, psicológicos y ambientales.

 

En la depresión endógena o depresión mayor, el factor más importante es el genético, ya que esta enfermedad suele ser hereditaria. Además, influyen factores hormonales que provocan un desequilibrio químico entre las neuronas, generando los síntomas característicos de la enfermedad.

 

En la depresión reactiva o trastorno adaptativo, las causas son principalmente ambientales y psicológicas. Se produce un desequilibrio entre la capacidad personal de adaptación y la intensidad del estímulo negativo que se enfrenta. En otras palabras, cuanto mayor es el desencadenante y menor la capacidad de afrontamiento, mayor es el riesgo de desarrollar depresión.

 

La investigación científica ha demostrado que la depresión es un trastorno del cerebro. Técnicas de imagen como la resonancia magnética muestran diferencias en áreas responsables de la regulación del ánimo, el pensamiento, el apetito y el comportamiento. Además, los neurotransmisores, que son las sustancias químicas que permiten la comunicación entre las células cerebrales, suelen estar desequilibrados. Sin embargo, estas imágenes no permiten determinar las causas exactas de la enfermedad.

 

Existen también factores que contribuyen a la aparición de la depresión. Además de la predisposición genética, ciertos desencadenantes o “gatillos” pueden iniciar el proceso biológico que provoca la depresión. Estos factores pueden ser traumáticos, pero también eventos vitales relativamente leves, como mudanzas, reformas o pequeñas intervenciones médicas. Otros factores, como cambios hormonales o la disminución de la luz solar, están relacionados con tipos específicos de depresión, como el trastorno afectivo estacional.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

La depresión se distingue de la tristeza normal. Sus síntomas principales incluyen una tristeza intensa y persistente, pérdida de ilusión, pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras y disminución de la capacidad para disfrutar de la vida. Además, son frecuentes la falta de energía, dificultad de concentración, apatía, problemas de sueño y cambios en el apetito.

 

No todas las personas experimentan los mismos síntomas; la gravedad, frecuencia y duración varían según cada individuo y su tipo de depresión. Otros signos comunes incluyen:

 

  • Sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad o vacío
  • Sentimientos de desesperanza y/o pesimismo
  • Sentimientos de culpa, inutilidad y/o impotencia
  • Irritabilidad e inquietud
  • Pérdida de interés en actividades o pasatiempos que antes disfrutaba, incluidas las relaciones sexuales
  • Fatiga y falta de energía
  • Dificultad para concentrarse, recordar detalles y tomar decisiones
  • Insomnio, despertar muy temprano o dormir demasiado
  • Comer en exceso o pérdida de apetito
  • Pensamientos suicidas o intentos de suicidio
  • Dolores y malestares persistentes, como dolores de cabeza, cólicos o problemas digestivos que no se alivian con tratamiento

¿Cuáles es el tratamiento para la depresión?

La depresión, incluso en sus formas más graves, es un trastorno altamente tratable. Cuanto antes se inicie el tratamiento, más efectivo será y mayores serán las probabilidades de prevenir recurrencias. Una vez diagnosticada, la depresión puede tratarse mediante medicación, psicoterapia o una combinación de ambos, según las necesidades del paciente.

 

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO

El tratamiento farmacológico es fundamental en la depresión endógena. Los antidepresivos más modernos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), son eficaces y seguros. Su función principal es normalizar los neurotransmisores del cerebro, como serotonina, noradrenalina y dopamina, que regulan el estado de ánimo. Es importante tomar la dosis correcta durante el tiempo indicado por el psiquiatra, incluso si los síntomas mejoran, para evitar recaídas. El efecto terapéutico completo puede tardar varias semanas. En pacientes con tres o más episodios depresivos, se suele recomendar tratamiento de mantenimiento a largo plazo. En casos de depresión grave o resistente, existen otras opciones como la terapia electroconvulsiva, con un nivel de eficacia y seguridad muy alto.

 

PSICOTERAPIA

La psicoterapia, o «terapia de diálogo», es otro pilar del tratamiento. Puede ser de corto plazo (10-20 semanas) o largo plazo, dependiendo de cada persona. Los tipos de psicoterapia más eficaces son:

Terapia cognitivo-conductual (TCC): Ayuda a cambiar patrones de pensamiento y comportamiento negativos que contribuyen a la depresión.

Terapia interpersonal (TIP): Facilita la comprensión y resolución de problemas en las relaciones personales que pueden causar o empeorar la depresión.

Estudios muestran que combinar medicación y psicoterapia suele ser la opción más efectiva, especialmente en adolescentes, y reduce el riesgo de recaídas.

¿Cómo impacta la depresión según la edad y la estación del año?

La depresión puede afectar a todas las edades, aunque el riesgo tiende a aumentar con la edad. En los niños, la depresión es rara. La tristeza forma parte del desarrollo evolutivo normal, pero si es frecuente o persistente, conviene investigar posibles causas ambientales.

 

En la adolescencia, los episodios de depresión son más comunes y pueden presentarse como en la edad adulta. En este grupo, la irritabilidad suele ser más característica que la tristeza. El diagnóstico precoz es fundamental, ya que la depresión puede afectar el desarrollo personal y la autoestima, además de aumentar el riesgo de suicidio.

 

En los adultos mayores, la depresión es más frecuente por factores biológicos y ambientales. Los síntomas pueden ser más limitantes y difíciles de diferenciar de la situación habitual del paciente. Los antidepresivos son eficaces, aunque se deben extremar las precauciones por posibles efectos secundarios.

 

La depresión también puede verse influida por las estaciones del año. En invierno, la disminución de la luz solar afecta la neurotransmisión y favorece los trastornos afectivos estacionales, que suelen manifestarse con aumento del apetito y necesidad de dormir más, al contrario de la depresión típica, donde es habitual la pérdida de apetito e insomnio.

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