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El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es un trastorno común de la infancia, aunque puede persistir durante la adolescencia y la edad adulta. Se caracteriza por dificultades para concentrarse y prestar atención, especialmente en tareas poco estimulantes. Algunos niños también presentan hiperactividad o impulsividad, lo que puede dificultar su desempeño escolar y su comportamiento en casa.

 

El TDAH no es exclusivo de los niños: en la edad adulta persiste en un número importante de casos, aunque los síntomas cambian. Lo más destacable es la distracción, la dificultad para planificar y organizarse, los olvidos frecuentes y la dificultad para completar tareas. La hiperactividad típica de la infancia suele transformarse en una sensación de inquietud interior, que puede afectar la vida laboral, las relaciones personales y la planificación de la propia vida. En adultos, es importante valorar la coexistencia de otras patologías, como depresión, ansiedad o consumo de sustancias, que requieren un tratamiento integral y especializado.

 

El TDAH afecta aproximadamente al 5 % de los niños en edad escolar, lo que significa que en cada clase hay alrededor de dos alumnos con este trastorno. Se define como un patrón persistente de falta de atención, hiperactividad e impulsividad que genera interferencias en distintas áreas de la vida. Suele acompañarse de baja tolerancia a la frustración, baja autoestima, problemas de conducta y dificultades académicas, y sin un tratamiento adecuado aumenta el riesgo de abuso de sustancias y desarrollo de trastornos de personalidad en edades posteriores.

  • Falta de atención: dificultad para mantenerse enfocado, tendencia a distraerse, falta de persistencia y desorganización. No se debe a rebeldía o falta de comprensión.
  • Hiperactividad: movimiento excesivo, inquietud, hablar demasiado o iniciar muchas actividades sin finalizar ninguna, pasando de una tarea a otra de manera desordenada. En adultos puede manifestarse como inquietud interna que puede resultar agotadora para los demás.
  • Impulsividad: acciones precipitadas sin pensar, búsqueda de gratificación inmediata y dificultad para inhibir comportamientos, incluso cuando tienen consecuencias negativas. Puede llevar a interrumpir a otros o tomar decisiones importantes sin evaluar las consecuencias a largo plazo.

 

El TDAH comienza en la infancia y se considera un trastorno del desarrollo, aunque en algunos casos no se diagnostica hasta la adolescencia o la edad adulta. Por ello, adolescentes y adultos también pueden presentar TDAH y beneficiarse de un diagnóstico y abordaje adecuados.

¿Cuáles son las causas del TDAH?

La depresión es un trastorno complejo que involucra factores genéticos, biológicos, psicológicos y ambientales.

 

El TDAH es una alteración del desarrollo cerebral (neurodesarrollo) de base genética. Según diversos estudios, la genética explicaría aproximadamente el 80 % de la causa del TDAH, mientras que el 20 % restante se atribuye a otros factores, como:

  •  Fumar o beber alcohol durante el embarazo
  • Algunos daños cerebrales por lesiones

 

Existen creencias de que el azúcar refinado puede causar TDAH, pero la mayoría de las investigaciones no respaldan esta idea.

¿Cómo es el TDAH en adultos?

Muchos adultos tienen TDAH y no lo saben. Al igual que en niños y adolescentes, el TDAH puede dificultarles la vida, afectando su capacidad para organizarse, mantener un empleo o llegar a tiempo al trabajo. Las actividades cotidianas, como levantarse por la mañana, prepararse para salir o ser productivos en el trabajo, pueden resultar especialmente complicadas para quienes no han sido diagnosticados. A menudo, estos adultos tienen antecedentes de problemas académicos y laborales, así como relaciones personales difíciles o fracasadas, y algunos han sufrido accidentes de tráfico. También pueden mostrar inquietud, intentar realizar varias tareas a la vez sin éxito y buscar “soluciones fáciles” en lugar de invertir el esfuerzo necesario para obtener mayores recompensas.

 

El TDAH a veces no se diagnostica hasta la edad adulta. Esto puede deberse a que los síntomas pasaron desapercibidos en la infancia, a que la forma del trastorno era leve o a que el entorno familiar estaba bien estructurado y compensó algunas dificultades. La inteligencia también puede actuar como factor protector: un niño con TDAH y un nivel alto de inteligencia puede alcanzar resultados aceptables, aunque por debajo de su potencial real. Sin embargo, en la educación superior, la mayor exigencia académica puede hacer que los adultos jóvenes con TDAH no diagnosticado enfrenten dificultades.

 

El TDAH en adultos puede diagnosticarse y tratarse. Para muchos, descubrir que tienen TDAH supone un gran alivio, ya que ayuda a comprender problemas antiguos y a identificar áreas de mejora. Si cree que puede presentar síntomas de TDAH, es recomendable consultar con un psiquiatra especialista.

 

Si no se trata, el TDAH puede generar problemas graves en la educación, el empleo, las relaciones personales y familiares, la autoestima y la salud emocional. Nunca es tarde para reconocer, diagnosticar y tratar el trastorno, así como cualquier otra condición de salud mental que pueda coexistir. Un tratamiento adecuado puede mejorar significativamente la vida de los adultos y de sus familias.

¿Cuáles son los síntomas del TDAH en adultos?

Una persona adulta con TDAH puede presentar síntomas de falta de atención, entre los que se incluyen:

  • Cometer errores por descuido en el trabajo o en otras actividades, sin prestar atención a los detalles.
  • Dificultad para mantener la atención en tareas prolongadas, como conferencias o lecturas extensas.
  • No parecer escuchar cuando se le habla directamente.
  • No seguir instrucciones ni completar tareas en el lugar de trabajo.
  • Dificultad para organizar tareas y actividades, mostrando desorden o mala gestión del tiempo.
  • Evitar o mostrarse renuente a participar en actividades que requieran esfuerzo mental sostenido.
  • Perder objetos necesarios para sus tareas, como llaves, billeteras o teléfonos móviles.
  • Distraerse fácilmente por pensamientos o estímulos irrelevantes.
  • Olvidar actividades diarias, como pagar facturas, cumplir citas o devolver llamadas.

 

También pueden presentarse síntomas de hiperactividad e impulsividad, como:, entre ellas:

  • Moverse constantemente, tocar objetos con manos o pies, o retorcerse en el asiento.
  • Levantarse del asiento en situaciones donde se espera permanecer sentado.
  • Sentirse intranquilo o incapaz de mantenerse quieto durante períodos prolongados.
  • Dificultad para participar con calma en actividades de ocio o recreo.
  • Hablar en exceso y tener problemas para guardar secretos.
  • Responder antes de que se termine de hacer la pregunta.
  • Tener dificultad para esperar su turno, por ejemplo, en una fila.
  • Interrumpir o entrometerse en conversaciones ajenas.

 

En algunas personas predominan los síntomas de falta de atención, aunque la mayoría presentan ambos tipos de síntomas simultáneamente.

¿Cómo se diagnostica el TDAH en adultos?

Para recibir un diagnóstico de TDAH en la edad adulta, se deben cumplir varios criterios:

  •  Los síntomas deben haber estado presentes antes de los 12 años de edad.
  • La persona debe presentar al menos cinco síntomas de falta de atención y/o de hiperactividad e impulsividad.
  • Los síntomas deben manifestarse en dos o más contextos, como en casa y en el trabajo.
  • Debe demostrarse que estos síntomas interfieren con el funcionamiento normal en esos entornos.

 

El TDAH puede coexistir con otros trastornos, como ansiedad, depresión, consumo de sustancias u otras alteraciones del control de impulsos. Además, existen situaciones y enfermedades que pueden causar síntomas similares al TDAH, entre ellas:

  • Estrés excesivo en el trabajo o en casa.
  • Privación de sueño o mala calidad del sueño.
  • Apnea del sueño, una afección en la que se producen pausas en la respiración o respiración superficial durante el sueño, lo que reduce su calidad y causa somnolencia diurna.
  • Ansiedad o depresión.
  • Problemas de tiroides, que afectan la producción de hormonas tiroideas.

 

No existe una prueba única que diagnostique el TDAH. Los profesionales de salud mental pueden utilizar escalas de valoración para determinar si un adulto cumple con los criterios del trastorno, pero lo más importante es la evaluación clínica realizada por un psiquiatra experto en TDAH en adultos. Esta evaluación incluye un examen de los antecedentes de conducta y del rendimiento escolar durante la infancia. Para ello, el médico puede entrevistar a cónyuges, parejas, padres, amigos cercanos y otras personas allegadas.

 

Además, la persona puede someterse a un examen físico y a pruebas psicológicas que evalúen la memoria funcional, el funcionamiento ejecutivo (planificación y toma de decisiones) y las aptitudes visuales o espaciales. La evaluación también considera el estado de ánimo del paciente y la presencia de otros problemas, como ansiedad, depresión o consumo de drogas u otras sustancias.

¿Cómo se trata el TDAH?

El TDAH no tiene cura, pero las personas que lo padecen pueden mejorar significativamente con un tratamiento adecuado. El enfoque más recomendado es mixto, combinando tratamiento farmacológico y psicoterapia.

 

Existen varios medicamentos que pueden ser de ayuda, siendo los más comunes los estimulantes, destacando el metilfenidato, que ha demostrado alta eficacia y seguridad. Estos fármacos facilitan que los niños mantengan la atención, se concentren y aprendan mejor. Contrario a lo que se puede pensar, el metilfenidato no es un tranquilizante; de hecho, como su nombre indica, es un estimulante. Sin embargo, al mejorar la atención y concentración, permite que el niño pueda mantenerse tranquilo realizando una tarea, sintiéndose más centrado y calmado.

 

Por otro lado, la psicoterapia, especialmente la cognitivo-conductual, es muy eficaz para abordar las alteraciones de conducta asociadas al TDAH. En niños, esta terapia ayuda a controlar el comportamiento, mejorar el desempeño en la escuela y en casa, y fomentar habilidades de autorregulación. En adultos, permite reconocer el déficit de atención y concentración, mejorar la organización y la eficacia en las tareas diarias, y fortalecer la autoestima. También enseña a manejar patrones de conducta impulsiva o arriesgada, y a organizar la vida dividiendo tareas grandes en pasos más pequeños y manejables.

 

Un tratamiento integral, que combine medicación y psicoterapia, puede marcar una diferencia significativa en la vida de niños y adultos con TDAH, facilitando su adaptación, rendimiento y bienestar.

¿Cuáles son las consecuencias del TDAH?

Una manera de entender las consecuencias del TDAH es a través del modelo de la “bola de nieve”. Al inicio, la bola es pequeña e imperceptible, pero a medida que avanza, crece y gana fuerza, hasta volverse difícil de controlar, limitando las medidas que se pueden tomar.

 

En la infancia, lo primero que suele aparecer es el fracaso académico, a veces desde los 7 u 8 años. Esto afecta la autoestima del niño, generando sentimientos de soledad y aislamiento; en algunos casos incluso puede repetirse curso, lo que intensifica el impacto emocional y aumenta el retraimiento social. A partir de aquí, pueden surgir los primeros síntomas de depresión, empeorando el pronóstico.

 

El niño con TDAH puede volverse irritable, desafiante y rebelde, mostrando episodios de agresividad. En la adolescencia, es común que surjan conductas de riesgo: experimentación con drogas, sexo sin protección, rebeldía ante la autoridad y, en algunos casos, conductas que anticipan problemas legales. Ya hacia el final de la adolescencia y el inicio de la edad adulta, pueden aparecer dificultades laborales, familiares y legales, así como otros problemas relacionados con la vida social y personal.

 

Este modelo ilustra cómo, si no se aborda a tiempo, las consecuencias del TDAH tienden a acumularse, afectando distintos ámbitos de la vida del individuo.

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